¿Contra qué va la LOMCE cuando va contra la filosofía?

Artículo publicado originalmente en Garabatos al margen por 

Que el segundo borrador de la LOMCE va contra la filosofía no constituye una interpretación audaz del propio texto del borrador ni es una afirmación que requiera justificación. Es un hecho que esta ley, tal y como está formulada, va a acabar con la escasa relevancia que pudiese tener la filosofía en nuestro sistema educativo. En ella se elimina la Ética de 4º de ESO, la única asignatura de carácter filosófico que había a lo largo de la ESO, y se convierte en optativa la tradicional Historia de la filosofía de 2º de bachillerato. Una optatividad que la pone en pie de igualdad con asignaturas como Religión y que se deja al arbitrio de las comunidades autónomas y los centros. Podría darse el caso de que algunas administraciones autonómicas decidiesen no ofertarla o de que, muy probablemente, muchos centros educativos no la oferten. Los que nos dedicamos a la enseñanza sabemos lo difícil que resulta que se oferten optativas de especialidades pequeñas en centros pequeños y medianos. En la práctica, la asignatura de Historía de la FIlosofía acabará reducida a una optativa marginal que sólo se ofertará en institutos grandes. La hecatombe para la profesión de enseñar filosofía no va a ser menuda. En los departamentos de filosofía sobrarán profesores que deberán ser reconvertidos a otras especialidades afines, los interinos de la especialidad perderán toda esperanza de volver a trabajar en la enseñanza y los nuevos licenciados harán bien en buscarse otra ocupación. La disminución de la presencia de la filosofía en secundaria hará que sean menos los alumnos mordidos por el gusanillo de la filosofía y, en consecuencia, las facultades de filosofía recibirán menos alumnos. Esto último no es una mera especulación. Ya tuvimos experiencia de cómo se redujo la afluencia de alumnos a las facultades de filosofía cuando, durante los primeros años de la LOGSE, la asignatura fue reducida a una materia de modalidad. Ahora que va a ser reducida a una optativa irrelevante, podemos aventurar que el resultado será peor. La próxima ley significará, sin duda, el inicio del fin de la filosofía en la educación secundaria.

El hecho de que la LOMCE va contra la filosofía nos lleva inevitablemente a preguntarnos ¿contra qué va la LOMCE cuando va contra la filosofía? ¿Va dirigida únicamente a eliminar ciertos adornos cognoscitivos de escasa relevancia o, por el contrario, elimina contenidos esenciales para la formación integral de los alumnos? En lo que sigue, vamos a defender que la situación en la que este borrador deja a la filosofía implica una merma en la calidad educativa que recibirán los futuros alumnos al eliminar contenidos fundamentales para su formación.

La LOMCE contra las virtudes cívicas

La eliminación de las asignaturas de Ética y Educación para la ciudadanía acaba con la escasa importancia que en leyes anteriores se daba a lo que podríamos llamar enseñar virtudes cívicas. La cuestión de fondo que parece explicar la eliminación de estas dos asignaturas se enmarca en la absurda discusión política, a la que asistimos hace unos años, acerca del carácter adoctrinante de Educación para la ciudadanía. Cuando se hablaba de adoctrinar parecía quererse decir que la asignatura de Educación para la ciudadanía, y por cercanía también la de Ética, vulneraban de algún modo el principio liberal de no intromisión del Estado en la moral privada de los individuos. Según esta línea de argumentación, el Estado estaría excediendo sus límites al arrogarse la potestad de influir sobre la concepción del bien de los individuos, especialmente a una edad en la que son fácilmente manipulables. Por ello, estas dos asignaturas no tendrían cabida en un Estado liberal orientado a que sean los individuos los que elijan su propia concepción del bien y su camino particular hacia la felicidad. Este argumento sería irreprochable si, en efecto, estas dos asignaturas hicieran aquello de lo que se les acusa. Sin embargo, ese no es el caso. La mencionada acusación se basa en una confusión, a veces pienso que deliberada, entre los conceptos de moral privada y ética pública. El objetivo de estas asignaturas no es moldear la concepción privada de los alumnos acerca de lo que es una buena vida, sino formarlos en los mínimos éticos exigibles para la convivencia en una sociedad democrática. Enseñar el valor de la participación ciudadana en las instituciones democráticas, los fundamentos éticos de los derechos humanos o conceptos tales como Estado de derecho, soberanía popular o tiranía de la mayoría, no representa en ningún sentido una intromisión en la moral privada de los alumnos. Al contrario, se les enseña que tienen derecho a perseguir su propio modo de vida y a suscribir su propia concepción moral siempre que, en su vida pública, respeten y se comprometan con los principios éticos en los que se basa nuestro sistema de convivencia.

Enseñar virtudes cívicas no sólo es compatible con un Estado liberal, sino que además puede resultar necesario para la pervivencia del mismo. Para que una sociedad sea justa se necesita, por una parte, que sus instituciones básicas también lo sean y, por otra, que los individuos que la forman estén comprometidos con los principios de justicia que la rigen. De poco sirve un sistema institucional que reconozca las libertades básicas, si la sociedad civil sigue siendo fundamentalmente autoritaria y la comunidad impone fuertes restricciones al desarrollo individual. Igualmente, una democracia sin demócratas, sin que la sociedad civil esté comprometida con el ideal de autogobierno compartido, tampoco es viable. Lo mismo ocurre en general con cualquier principio de justicia, si los ciudadanos no se hallan comprometidos con ellos difícilmente pueden funcionar. Es por ello que incluso un Estado liberal, declaradamente no perfeccionista, no sólo puede, sino que también debe interesarse en alguna medida por crear buenos ciudadanos.

La enseñanza de virtudes cívicas es necesaria en la educación obligatoria y no de cualquier manera. Es necesario que haya asignaturas específicamente dedicadas a ello más allá de esa transversalidad difusa que de nada sirve y nada enseña. Es necesario, además, que esas asignaturas adopten una perspectiva ética, crítica y filosófica. Si se trata de hacer que los alumnos comprendan e interioricen los valores y principios en los que se basa nuestra convivencia, no podemos limitarnos a repetirlos al modo de dogmas. Cuando una doctrina se repite dogmáticamente acaba perdiendo su sentido y convirtiéndose en palabra muerta incapaz de motivar a la acción. Aquello de los que se desconoce su fundamento sólo se aprende como doctrina muerta. Por ello, es necesaria una asignatura que acerque aquellos valores éticos y políticos a su fundamento filosófico. Deben ser vistos en el contexto de las problemáticas, teorías, discusiones y argumentos que les dieron origen. La perspectiva filosófica es la adecuada para que estos valores se interioricen crítica y reflexivamente. Por ello, es necesaria, por lo menos, alguna asignatura obligatoria de corte filosófico que trate estas cuestiones en la enseñanza obligatoria. La filosofía práctica es una muy buena herramienta para fomentar las virtudes cívicas y formar en el ejercicio de una ciudadanía libre y reflexiva.

Podría objetarse que, en contra de lo dicho, la LOMCE otorga un papel importante a las virtudes cívicas al introducir la asignatura de Valores éticos a lo largo de toda la ESO. Sin embargo, el hecho de que se ofrezca como mera alternativa a la religión vuelve a confundir las esferas de la moral privada y la ética pública. Con este planteamiento se asume que la moral católica ya proporciona todo lo necesario para ser un buen ciudadano y que sólo a los pobres alumnos que carecen de una moral religiosa es necesario ofrecerles algún remedo en forma de valores éticos. Con ello se niega la existencia de una ética cívica, racional e independiente de cualquier concepción moral religiosa. Se olvida que las morales sustantivas y omniabarcantes que proporcionan las religiones pertenecen al ámbito de la moral privada y que existe otro ámbito de reflexión ética que es mucho más básico e importante para la convivencia en una sociedad plural y democrática. Mucho se ha comentado acerca de cuántos años nos hace retroceder la LOMCE en algunos aspectos. En esta cuestión, sin duda, nos está devolviendo a oscuras edades previas a la Ilustración.

La LOMCE contra el pensamiento crítico

Reducir el peso que se le otorga a la filosofía en la educación implica reducir la importancia que se le da al pensamiento crítico en la formación de los alumnos. Con esto no se quiere decir que las otras materias sean acríticas o dogmáticas, sino que lo propio de la filosofía es precisamente el pensamiento crítico. Lo específico de la filosofía es ser una disciplina que lo problematiza todo, no da nada por supuesto y no reconoce más autoridad que la razón. Esta especificidad es percibida enseguida por los alumnos que, al iniciarse en el estudio de la filosofía, pronto se dan cuenta de que están ante algo nuevo y distinto de lo que aprenden en otras materias. Cuando empiezan a introducirse en los problemas filosóficos, y lo único que reciben como respuesta es una multiplicidad de teorías, argumentos y contrargumentos, sienten perplejidad y tienden a preguntar por cuál es la teoría correcta. Incluso, cuando pasado un tiempo de habituación al pensamiento filosófico y al hecho de que en filosofía no hay algo así como una teoría correcta o definitiva, hay ocasiones en las que siguen preguntando por la opinión del profesor en busca de alguna autoridad en la que apoyarse. Con esto sólo quiero mostrar que la filosofía en la educación secundaria ofrece a los alumnos algo que no encuentran en ninguna otra asignatura: un modo de acercarse a la realidad que problematiza todo aquello que damos por sentado y que no da nada por supuesto. Restarle importancia a la filosofía en la educación es reducir la importancia que le damos al ejercicio del pensamiento crítico. Luego podremos juzgar si eso es valioso o no para la educación de los alumnos pero lo cierto es que el vacío que deja la pérdida de la obligatoriedad de asignaturas filosóficas, no puede ser rellenado con ninguna otra materia.

El ejercicio del pensamiento crítico es uno de los rasgos constitutivos de la cultura occidental. Uno de los momentos fundacionales de nuestra cultura fue la aparición, allá por el siglo VI a.C. en la costa de Asia Menor, de la Escuela de Mileto. Lo peculiar de esta escuela frente a otras era que no existía una doctrina que hubiese que transmitir inalterada de maestros a discípulos. En ella, por el contrario, se instauró la tradición de mantener una cierta distancia crítica con respecto a las enseñanzas del maestro e intentar criticarlas y mejorarlas. Con ello se dió inicio a algo que está en la base de todos los grandes logros científicos y filosóficos de nuestra cultura, el pensamiento crítico. Desde entonces, todas las grandes revoluciones teóricas, científicas o políticas han sido fruto de ese modo de pensar capaz de cuestionar todas las creencias y tradiciones por muy bien asentadas que estén. El pensamiento crítico ha permitido alumbrar nuevas perspectivas, luchar contra la estupidez y pensar otros mundos posibles. Si hubiese un único logro que pudiésemos rescatar de la cultura occidental, sería sin duda la aplicación del pensamiento crítico y antidogmático a todos los ámbitos de la vida.

Se me dirá que el pensamiento crítico no es patrimonio exclusivo de la filosofía. En efecto, las ciencias y cualquier otra disciplina teórica se basan en él y progresan gracias a él. Sin embargo, la filosofía tiene un valor especial para fomentar el pensamiento crítico. El resto de las asignaturas necesitan de la enseñanza previa de un cuerpo doctrinal que, en las primeras fases de su estudio, debe aprenderse de modo dogmático. Sin embargo, la filosofía, desde el principio, no es más que racionalidad crítica aplicada a todos los ámbitos de la experiencia humana. Es por ello que la filosofía debe ocupar un lugar de obligatoriedad en los dos cursos de bachillerato, con independencia de si se estudian ciencias o humanidades. El papel que juega para enseñar a los alumnos a pensar de modo crítico y riguroso es, por sí mismo, valioso y útil sean cuales sean los estudios que se realicen al acabar el bachillerato. El ejercicio del pensamiento crítico no sólo es útil para dedicarse a la ciencia básica o a la investigación, sino que también es valioso para cualquier ocupación e incluso para la tarea misma de vivir. La filosofía es un maravilloso antídoto contra el fanatismo, los prejuicios, la alienación y la estupidez en general. Nuestro sistema educativo no sólo no necesita menos filosofía, como pretende la LOMCE, sino que necesita más filosofía.

La LOMCE contra la excelencia

Una de las motivaciones fundamentales de la LOMCE es la de perseguir la excelencia de nuestro sistema educativo. Es difícil determinar qué quiere decir esto pero, por lo que podemos intuir, parece ser que se trata de conseguir una educación más excelente para los alumnos excelentes o, tal vez, se trata de perseguir que haya más alumnos excelentes y menos alumnos mediocres. En cualquier caso, es difícil entender cómo la eliminación de la obligatoriedad de la asignatura de Historia de la filosofía va a contribuir a una mayor excelencia en la educación. Uno de los objetivos fundamentales de esta asignatura es la de dar a conocer a los grandes clásicos del pensamiento. El significado de la palabra ‘clásico’ es el de aquello que es digno de imitación, que representa un modelo a seguir. Encuentro pocas maneras mejores de promover la excelencia en los alumnos que el de ponerlos en contacto con aquellos grandes pensadores que son precisamente modelos por el ejercicio de un pensamiento riguroso y por su dedicación al conocimiento. De entre las asignaturas filosóficas que hay en nuestro sistema educativo la que suele resultar más atractiva para los alumnos es Historia de la filosofía. Creo que esto se debe al modo peculiar con el que se presentan los problemas filosóficos en esta asignatura. En ella, se representa una gran gigantomaquia entre los grandes intelectuales de nuestra cultura que, de cara a los estudiantes, le da una vidilla especial de la que carecen las otras asignaturas de filosofía. Al presentarse de modo histórico, se perciben con más claridad los enfrentamientos entre las grandes teorías filosóficas y eso, además de darle un entretenimiento añadido a la asignatura, representa una enseñanza muy valiosa al mostrar el desenvolvimiento de las ideas a lo largo de la historia. En ella se muestran cómo las teorías filosóficas son el resultado de problemas históricos y del esfuerzo riguroso por solucionarlos, cómo todas las nuevas teorías critican a las anteriores con la intención de mejorar nuestro conocimiento de la realidad y cómo los grandes logros de nuestra cultura son el resultado del esfuerzo y la dedicación al conocimiento. Como decía antes, se me ocurren pocas maneras mejores de promover el valor de la excelencia y el esfuerzo.

Al margen de esto, tampoco resulta entendible cómo puede concebirse que privar a los alumnos del conocimiento de las teorías de los grandes filósofos de nuestra cultura va a resultar en una educación más excelente. ¿Cómo puede concebirse que es más excelente una educación en la que no se enseñe la crítica de Locke al absolutismo, la teoría del contrato de Rousseau, el esfuerzo kantiano por fundamentar un ética racional y laica o el reto escéptico de Hume? A mí que me lo expliquen.

Descargar entrada en pdf

‘¿Contra qué va la LOMCE cuando va contra la filosofía?’ de Jorge A. Castillo Alonso en garabatosalmargen.wordpress.com está bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported License.

Anuncios

RESCATANDO EXPERIENCIAS. LOMCE: DÉJÀ VU

Publicado originalmente en  LOMCE: DÉJÀ VU  por Roberto Aretxaga-Burgos
.
Han pasado 12 años, pero el asunto retorna. Desgraciadamente, el segundo borrador de la LOMCE (diciembre de 2012) me produce una sensación de haber vivido ya ésto antes. El nuevo borrador resucita fantasmas del pasado en la enseñanza de la Filosofía en España, devolviendo actualidad a cuestiones que creíamos resueltas y superadas. Pero se ve que no.
Entiendo que desempolvar este escrito -publicado el año 2000-, el cual ya había echado en el olvido, contribuye a mostrar que lo de ahora no es una situación coyuntural ni una marejada nacional, sino parte de un tsunami continental cuyas causas han de buscarse en movimientos profundos, pero cada vez más evidentes -o menos disimulados-, de placas económicas y políticas de las que el sapere aude ha sido desterrado.
Pero ni nos asustamos ni nos arredramos. Desde lo que le sucedió a Sócrates -y por qué le pasó-, los filósofos hemos asumido que si “tocar las narices” es un asunto arriesgado, hacerlo con criterio lo es aún más. Tan sólo nos ponemos en guardia. Han pasado 2.400 años desde aquel juicio y el episodio de la cicuta -preservados y legados bella, inteligente y estratégicamente por el formidable Platón- y aquí seguimos… Aguijoneando a diestro y siniestro. Si ahora pueden con la Filosofía en España y en Europa será porque los filósofos nos hayamos dado por vencidos. Refrescar memorias es un modo de contribuir a evitarlo.

¿Por qué impartir la Historia de la Filosofía en Secundaria?

Publicado originalmente en Plataforma para la Defensa de la Filosofía (ex por tino

Esta entrada es un a modo de extractos de artículos que algunos compañeros han ido colgando en sus blogs. A través de estos escritos, de los cuales solo una mínima parte ha sido tomada, sus autores intentan argumentar el porqué no debe desaparecer la Hª de la Filosofía del Bachillerato.

El estado de la cuestión lo presenta Manuel Marcos, desde Córdoba, en su blog señalando la actitud perversa de quienes nos gobiernan:

Las asignaturas de filosofía en España van a perder, si no lo evitamos, su carácter obligatorio en 4º de ESO y en 2º de Bachillerato, esta es la idea del ejecutivo de nuestro país, para acabar definitivamente con la capacidad de pensamiento libre y crítico de los españoles. Invitado por Miguel Ángel Velasco, (), participo hoy en una cadena de mensajes, para poner de manifiesto el ultraje y la desidia con la que estos políticos ineptos, ramplones, quieren eliminar de nuestras vidas el horizonte de luz y conocimiento, lo único que nos queda en realidad, en mitad de éste caos: el verdadero escalón sobre el que el hombre asienta sus convicciones políticas, éticas y sociales, y puede dar rumbo a su vida.

Es en el blog de BOULESIS donde se indica la importancia de esta asignatura:

Historia de la filosofía es recorrer con la mirada las grandes preguntas y las grandes respuestas del ser humano. Tocar con los dedos los sistemas de pensamiento más completos y complejos que ha sido capaz de elaborar el ser humano. Ver de primera mano cómo las ideas han sido también un factor de cambio en la historia, contribuyendo a transformaciones sociales y culturales de calado. En consecuencia, historia de la filosofía es también un ejercicio de reconocimiento personal: ver cómo se han ido construyendo las ideas que forman hoy los discursos dominantes y alternativos. Sólo a través de la historia de la filosofía se puede ver la gestación de eso hoy se llama pensamiento único, y su intrincada conexión con una forma muy determinada de economía. Sólo en una clase de historia de la filosofía se cuestiona el capitalismo dominante y se pueden plantear alternativas al mismo. A menudo son los propios alumnos los que lo reconocen: en las clases de historia de la filosofía es posible expresar las propias ideas, siempre que sean respetuosas con quien piensa diferente. No es de extrañar que la propia UNESCO haya designado a la filosofía como una escuela de libertad. Precisamente porque hace ya mucho tiempo que sabemos que no nacemos libres en absoluto, y que la libertad es una condición psicológica, económica y política que se va conquistando con el paso del tiempo, en un proceso de maduración personal, pero también en un contexto político y educativo que estimule esta libertad. Algo que se vería seriamente amenazado si finalmente desaparece la historia de la filosofía y disminuye la presencia de la filosofía en el bachillerato.

Es así, señalando la importancia de la Filosofía en el Bachillerato como M. A. Velasco León dice que sería grave anular esta asignatura:

Suprimir la Historia de la Filosofía es una estratagema para suprimir la Filosofía por completo dentro del Bachillerato. Al romper la unidad del ciclo y reducir la asignatura de primero a una rara avis, sin sentido alguno y condenada a desaparecer. Y esto se produce, no lo olvidemos, dentro del contexto de supresión de las Humanidades, porque, precisamente estas, alejadas de lo meramente formal y próximas a la realidad cotidiana son demasiado peligrosas, puesto que contribuyen a construir ciudadanos capaces de enfrentar sus responsabilidades.

En esta misma línea Martín López se vuelve crítico con la postura de Gustavo Bueno y dice:

Escribir sobre la enseñanza de la historia de la filosofía, en atención o respuesta a Antes de las cenizas, las cuales tememos que se aproximen: Solamente esto. La filosofía el saber más inútil. Por ello el saber más necesario. Si no entiendes por qué, ¿qué palabras podría yo pergeñar para convencerte? Sería como explicar la urgencia del amor.

También crítica es la postura de Ramín Jahanbeglood en su artículo de El País:

En cierto modo, la tarea cívica de la filosofía actual radica en la pugna entre pensamiento crítico y fanatismo. Sea cual sea el precio que los filósofos hayan de pagar por tener las manos vacías en su batalla contra tiranías irreflexivas y dominaciones hegemónicas, podemos esperar la victoria de un pensamiento democrático incluyente.

Por tanto, si la filosofía, como disciplina en la Secundaria, tiene importancia no deja de ser un continuo interrogante. Así lo expresa el blog de la Consejería del Principado deAsturias:

¿Se convertirá la filosofía en un lujo? Si la devalúan, por supuesto. ¿Debe eso ser consentido? En absoluto. Pero no somos sólo los profesores quienes debemos pronunciarnos, son los propios alumnos, los cuales, en atención a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (número 19 y número 27) tienen que vindicar que deben ser convenientemente informados para poder participar en la vida cultural de su país. Aún recuerdo a un alumno de ciencias que afirmaba convencido que hasta que no estudió Historia de la Filosofía no comprendió realmente las asignaturas filosóficas que había cursado anteriormente. Aseguraba que ésa era la asignatura con la que por fin le había encajado todo. Y así es, es la guinda del pastel, por eso se estudia al final. Devaluarla sería, además de un robo de derechos vergonzoso, un sinsentido. Sería como si hiciésemos una casa durante quince años y al final no le pusiéramos el tejado. Menudas goteras que nos van a caer como no espabilemos un poco.

La respuesta se da en este interesante blog, que recomiendo por su versatilidad y fomento de la creatividad en este campo nuestro de la docencia

Probablemente mutilar más la filosofía del la ESO y el bachillerato no sea sino ir más en esa dirección de desideologización del mundo, eliminando matices como expresa el libro de Orwell 1984. Suprimamos términos, palabras, castremos las ideas, depuremos el lenguaje, limpiemos de inquietudes existenciales la mente de las jóvenes generaciones para que puedan así adaptarse mejor al mundo trivial y a-filosófico del llamado pensamiento positivo que es un zurullo pinchado en un palo. Así todos podremos ir con nuestra sonrisa imbécil a comprar sin temor de ser incomprendidos. Vale.

Al filo de esta problemática David Porcel, desde la Rioja, sigue cuestionando el hecho mismo de la disciplina

¿Pero por qué es importante que nuestros alumnos conozcan lo que tiene sentido preguntar y lo que no en filosofía?, ¿qué aporta la filosofía a la sociedad?, ¿para qué hay filósofos? La filosofía, más que responder a una finalidad o a un capricho, responde a una necesidad: la de buscar la verdad. Ya ha quedado demostrado que la visión cientificista del conocimiento, que ilusamente piensa que la ciencia puede abordar y solucionar todos los problemas, se sostiene en postulados, además de falsos, no derivados de métodos científicos, por lo que la ideología cientificista es una incongruencia en sí misma. No, la ciencia no es un saber autosuficiente en ese camino aproximativo hacia la verdad, sino que necesita contar con la reflexión filosófica que piensa allí donde la ciencia está ciega. Podríamos definir la filosofía como la ciencia que se hace consciente de sí misma, que se mira al espejo y descubre que todavía quedan cuestiones por aclarar, preguntas que resolver, caminos por abrir. Es verdad que podría haber ciencia sin filosofía, pero sin ésta, aquélla quedaría coja, insuficiente, parcial, y habríamos de ceder en nuestro empeño de aproximarnos a la verdad.

Santiago Sánchez-Migallón, subyaga la importancia de la filosofía desde el interés personal, desde la misma vocación docente

Podría decirse que es normal que un profesor de Filosofía defienda sus asignaturas y que más que defender el bien de la educación como tal, estoy defendiendo mi interés particular de no perder mis asignaturas. Podría decirse, pero no es el caso y lo digo con total honestidad. Yo no elegí la Filosofía y ahora defiendo su importancia, yo elegí la Filosofía porque me parecía y me parece muy importante.
Es la asignatura que, realmente, pretende enseñar a pensar.
Con esto no se dice que las Matemáticas, la Literatura o la Física no enseñen a pensar, únicamente que la Filosofía es la asignatura que lo hace específicamente, cuya esencia reside en eso y que, en consecuencia, es la idónea para conseguirlo eficazmente. Cualquiera que crea que pensar es importante, debería defender la vigencia de la Filosofía en los planes de estudio y eso defiendo yo, no a mi gremio ni a mi profesión.

Para terminar Rafael Robles concluye señalando la gravedad del asunto:

En conclusión, el golpe directo al estómago que recibe la Ética de cuarto de ESO y el inesperado y contundente golpetazo a las gónadas que sufre la Historia de la Filosofía de segundo de Bachillerato implican consecuencias imprevisibles y nada halagüeñas. En los próximos días las distintas asociaciones pertenecientes a la REF procederán al análisis de este ataque arbitrario al departamento de Filosofía.

Lo peor del asunto, de todo este asunto de la “presunta” reforma educativa es su perspectiva economicista, como lo indica, en un artículo de El País, David Fernandez:

“Para aumentar el nicho de negocio necesitan primero deteriorar lo publico con recortes y reformas legales para vaciar de alumnado esa red y privatizar su atención o directamente privatizando servicios. La ofensiva se dirige desde la educación superior (Universidad) a los primeros escalones”, concluye Agustín Moreno. “La privatización de la escuela supone un ataque al derecho a la educación”, pues convierte “a los ciudadanos, propietarios de esos derechos, en meros clientes usuarios de un sistema educativo privado que solo pueden consumir en función de sus posibilidades económicas”, dice el libro coordinado por Moreno Qué hacemos con la educación (Akal, 2012).

Esto no tiene nada que ver con las perspectivas de José Manuel Campillo cuando expone su particular visión de la Filosofía:

La Filosofía, como he dicho antes, es el gigante, pero también tiene sus particulares molinos, que diría nuestro ilustre hidalgo. Unos molinos que no muelen trigo, muelen ideas. Ellos quieren eliminar el trigo de nuestra dieta, no quieren que se les atragante el debate, la reflexión y el pensamiento como forma de ejercer una ciudadanía responsable. Ellos quieren su propio trigo: con buen aspecto exterior y vacío por dentro. Es lo que vende. Y a lo que tienden las sociedades sin reflexión: a la aparición del hombre masa. Al hombre vacuo. Al hombre manejable. Al “homo economicus”.

Por eso, desde aquí, digo no a la LOMCE. Y sí a la FILOSOFÍA.

¿Quién teme a la filosofía?

 

Carta al director enviada a EL PAÍS el 30 de diciembre de 2012:

¿QUIÉN TEME A LA FILOSOFÍA?

«Pienso, luego existo», dijo Descartes en el siglo XVII, decidido a abrir paso al ejercicio de la razón frente al oscurantismo. «Pienso, luego estorbo», había constatado Sócrates ya en el siglo V a.C., cuando los jueces lo condenaron a muerte “librando” a la ciudad del engorro de su mente libre y crítica. «Piensan, luego sobran», se relame el actual ministro Wert, mientras tacha con un rotulador negro la materia de Ética del programa de estudios de 4º de ESO y la Historia de la filosofía de 2º de Bachillerato: para competir en la arena de los mercados —afirma “sonriendo” a su manera— los jóvenes no necesitan pensar, y menos en cosas como el bien y la conciencia, la verdad y la apariencia, la libertad y la dignidad humanas.
«Pienso, luego asusto», se dice el profesorado de filosofía al leer perplejo el anteproyecto de ley de educación (LOMCE) y comprobar que perpetra el mayor ataque contra los estudios de filosofía, pues suprime el 66,6% de su presencia en el currículo de las enseñanzas medias.
«Pienso, luego aprendo» —reconoce el estudiante de filosofía— aprendo más allá de los contenidos de la propia asignatura de filosofía. Aprendo a leer y resumir, a construir argumentos y reconocer falacias, a formar y exponer mis ideas por escrito y a debatirlas. Desde la filosofía he aprendido a buscar y encontrar el sentido de las producciones humanas y a construir mis puntos de vista con los que enfrentarme a la vida.
¿Quién teme a la filosofía? Sin duda el ministro Wert y sus secuaces. En alemán “Wert” significa “valor”, pero está claro que el ministro abandera con su apellido un anteproyecto de ley que quiere reducir la educación en España a la formación de jóvenes que no tengan más valores que los de la economía de mercado. Impidámoslo.

Josefina Pérez Rodríguez-Patiño
Profesora de Filosofía.
IES Infante don Juan Manuel (Murcia)

La filosofía y yo. Vindicación de la historia de la filosofía

Entrada publicada originalmente en La tortuga bicéfala (r) por Luis

” La historia es un relato moral”

” (Los historiadores) son filósofos que enseñan mediante ejemplos”

Comentarios sobre Pensar el siglo XX de Tony Judt( Babelia)

Retardado y, no obstante, sujeto como los cometas a su órbita. Habitando en el vago horizonte de una indignación cansada y en la más tibia (en el mejor sentido de la palabra) invitación de Serenus-Wandeland25 para que acometa la escritura de vindicación de la historia de la filosofía como asignatura del bachillerato. Apostando por ella ahora, en la actualidad candente que en virtud de la ley Wert siente la amenaza de convertirla en escalón cojo del currículo. Sintiendo una agresión en la que el interés privadísimo por mantener unas condiciones intelectuales dignas en mi trabajo no puede impedir la elevación de la mirada hacia el interés más general, todo lo común que se pueda. En esta plataforma que tan largamente dilato, escribo sobre la historia de la filosofía como horma de educación básica.

La historia, dicen las citas que encabezan esto, es un relato de formación moral a través del ejemplo. Quizás por eso me gusta la historia en general y, en extensión, la ficción toda que toca lo concreto del caso, el caminar de un cualquiera – sea Stalin o su porquero – que ilumina nuestro hacer. Sin embargo, hay en la historia de la filosofía algo como de rareza o, si apuramos, contradicción. Pues la historia de la filosofía pudiera ser entendida como una negación de los casos en el magma de los conceptos y sus organización. El estudio de los sistemas filosóficos – así se construye hoy la asignatura en el bachillerato – tapona la historia a mayor gloria de la estructura conceptual y los sistemas de los maestros del canon. De hecho, la enseñanza de una historia general de las ideas queda marginada por ese afán de llenar el currículo de nombres propios. Si toda idea, por contextualizada que sea su presentación e inmersa en personajes sustentadores, muestra una abstracción que parece negar el carácter ejemplar de la historia, ¿no deberíamos considerar que la historia de la filosofía no es ese relato moral mediante ejemplos que define a la historia según Judt (y los clásicos)?.

Pudiera ser y cabe la objeción. Sin embargo, esta historia de los sistemas filosóficos sí es ejemplar y concreta en otro sentido. La secuencia conceptual de ideas de un filósofo cualquiera – pues, finalmente, todo filósofo es un cualquiera al pretender elevar la mirada por encima de su ombligo,convirtiéndose en un alma que reflexiona con los otros; esa secuencia de ideas, el sistema, es ejemplo de un vocabulario puesto al servicio de la coherencia y, si me apuran, de la honestidad. Pues uno supone – y benditas sean la excepciones si las hubiere – que en los maestros que enseñamos en las aulas – de Platón a Russell, pasando por Cartesio o Aquino – hay una honestidad básica que legitima su entrada en la conversación y una voluntad de coherencia en sus discursos, esas palabras que zigzaguean los humanos problemas.Y la mostración de esta honestidad presente y viviente en los que parecen tan diversos es ejemplar en si misma

Y quizás fuera eso lo que me llevó en mi adolescencia a seguir los estudios de filosofía y también lo que lleva a muchos brillantes alumnos que estudiarán “carreras con salidas profesionales” a considerar que la filosofía es buena opción para los ocios o, como se dice, la segunda carrera. El juego de las palabras en los sistemas filosóficos convierten las palabras comunes en personajes de una tapiz moralizante que recorre la vida, fortaleciendo la existencia que se interroga por el propio conocer y la realidad, el sentido de nuestros deberes y la hermosa cuestión del qué me cabe esperar kantiano.

La honestidad y la coherencia de los maestros tratamos de mostrarla de forma caricaturesca a nuestros alumnos – es la escuela toda caricaturización necesaria para desvelar en el futuro el “verdadero rostro” – y, con suerte, dejaremos un eco más allá de las simplificaciones, la voz del no es así, no es así que mantiene el fuego conversacional. Y si esto no es relevante, pudiera suceder que en un reino junto al mar alguien no ha entendido casi nada y necesita escuchar las largas sombras de las historias ejemplares(o no tanto) de nuestros conceptos filosóficos en su historia.

¡¡ Fuerza y honor!!

¡¡Salud y librepensamiento para el 2013!!

El inicio de la barbarie y el fin de la filosofía

Artículo publicado originalmente en Plataforma para la Defensa de la Filosofía (PDFex) por  Juan Pedro Viñuela Rodríguez

 

Quiero sostener aquí que existe una relación necesaria entre la barbarie y el fin del pensamiento o de la filosofía. Y quiero decir que nuestra crisis económica, ya larga, tiene sus orígenes más lejos todavía, hace unas décadas y que hace cuatro décadas se tomó como decisión seguir un modo de pensamiento que después, con el tiempo, se ha ido perfeccionando. Y que ese modo de pensamiento llevaba aparejado el fin del mismo pensamiento. Y eso es en lo que nos encontramos ahora. La crisis europea es una crisis del pensamiento, de la filosofía que sostiene y estructura nuestra visión del mundo y le otorga valores a través de los cuáles se producen y vertebran nuestras relaciones con los demás y con el propio mundo. Por tanto es una crisis filosófica y ética. Pero que en el fondo obedecen a una falsa filosofía y a una falsa ética que nos llevan a la barbarie. Y la barbarie son los totalitarismos, el fascismo y la ausencia del pensamiento. Es decir la pérdida de la ciudadanía, la libertad, los derechos y la caída en la sumisión y el vasallaje. Es eso lo que se ha iniciado hace unos años y es esto lo que se refleja en la eliminación de la filosofía y la ética en los planes de estudio de la nueva ley educativa que se quiere promover. La ley es una consecuencia directa de esa falsa filosofía, la filosofía del mercado y de la reducción de los valores a los del consumo, el éxito, la fama, el tener, el hedonismo superfluo, el egoísmo ramplón y la inconsciencia de pertenecer a la polis, al estado. Es decir, la falta de pensamiento y de ética.

El pensamiento es la gran apuesta de occidente, el gran invento griego. El pensamiento, el logos, nació como la capacidad que el hombre tiene por medio de su razón y su crítica de entender el mundo y ordenar el estado. Es el milagro griego. Es el origen de la civilización frente a la barbarie. Porque el logos, la razón, el pensamiento, sustituyen al poder de la superstición, al poder del más fuerte, a la tiranía,… El logos nos permitió entender el mundo, explicarlo desde la razón, comprender las fuerzas que lo gobiernan. Y ello nos hizo libres, tanto de la tiranía del mundo, como de la tiranía política de aquellos que utilizaban la ignorancia del mundo para inventar mitos y supersticiones que no tienen otro objetivo que el dominio y la explotación del hombre.

Por eso, la filosofía nos ayuda a comprender el mundo, es la madre de las ciencias y su guía. Porque la filosofía es cosmovisión, te ayuda a tener una visión global e integradora del saber. Es una disciplina absolutamente necesaria en el mundo de hiperespecialización en el que vivimos. Nos aporta una luz general y un poco de orden y de sentido común que nos permiten no perdernos en el marasmo de la especialización y del saber hacer, frente al mero saber por el hecho de saber. La filosofía también nos ayuda a entender la ciencia, a plantearnos sus relaciones con otros ámbitos de la sociedad, porque la ciencia no es neutral, la ciencia actúa dentro de un complejo industrial, político, social y militar. Y la ciencia, tampoco está exenta de valores. Y los valores son un objeto propio de estudio filosófico, concretamente la ética. La ciencia nos enseña cómo es el mundo y su aplicación, que tiene mucho que ver con lo político, con lo empresarial y económico, y con lo militar, nos permite gobernarlo y aprovecharlo. La filosofía nos permite entender este fenómeno. Y la ética, como saber normativo que es, nos permite valorar el saber tecnocientífico. Lo cual es algo importante porque de esta manera la ética es una guía sobre el deber ser de la ciencia, ya que la ciencia no puede estar en manos sólo de la política económica y del mercado. De esta forma la tecnociencia se convierte en un instrumento del poder que aliena al hombre y le sirve al propio poder para tratar al hombre como un instrumento y a la naturaleza como objeto meramente de explotación. La filosofía es un saber que nos hace pensar sobre todo esto y que nos sirve para entender mejor la ciencia y con ello entender mejor a la sociedad y evitar los males, por un lado, de los aprendices de brujo y, por otro, de la ambición de los poderosos y de los ricos.

La filosofía nos da una visión integradora de la ciencia en tanto que es conocimiento del mundo y también acción sobre el mundo. También nos ofrece una visión integradora del mundo porque la filosofía es un discurso de segundo orden que, partiendo de las ciencias, nos ofrece una visión global y unitaria del mundo. Le otorga un sentido que la ciencia, como saber sólo teórico y absolutamente especializado, no le da. Pero sí la filosofía, porque ésta en tanto que ética se permite valorar. Por eso la filosofía es un saber necesario que nos permite una unificación del hombre y el mundo, que nos aporta un sentido dentro del mundo y la sociedad. Pero un sentido racional que excede la opinión, la creencia y la superstición. Un saber que va más allá de lo obvio, de las apariencias y de las meras opiniones. Por eso la filosofía es un saber civilizador que nos hizo salir de la barbarie en la que triunfa la fuerza, el desorden, el caos, la superstición. Un mundo -el de la barbarie- en el que no existe el pensamiento, sino la fuerza, un mundo oscuro, una caverna llena de sombras y temores. Un mundo gobernado por el miedo y el pavor. De ese mundo salimos y nos sacó la filosofía. Y a ese mundo nos hemos empezado a dirigir en las postrimerías del siglo XX y los inicios del XXI. Por eso el inicio de la barbarie es el anuncio de la muerte de la filosofía. Y por eso nuestra crisis es filosófica y de ahí que sea absolutamente urgente su recuperación. Porque la filosofía es libertad y lucha contra la tiranía de cualquier orden.

Y de ahí que la filosofía esté causalmente vinculada a la democracia. No hay democracia sin filosofía, ni filosofía sin democracia. Por eso no ha de extrañar que sea en un momento de déficit absoluto de la democracia cuando se plantea la eliminación de la filosofía. Hay que eliminar ese rescoldo de pensamiento para que no renazca una democracia sana que no esté secuestrada por los poderes económicos, mediáticos, políticos… La democracia aparece en Grecia de la mano de la filosofía y la filosofía se desarrolla en Grecia dentro del ámbito político de la democracia. Democracia es diálogo. Que el logos, la razón es común, no relativo. El relativismo es otra forma de muerte de la democracia, si todas las opiniones son iguales, si todas son equivalentes, al final la opinión que sirve es la del más fuerte, he aquí el fascismo emergiendo de la propia democracia. Y eso es hoy en día lo que ha ocurrido cuando se ha establecido la equivalencia de las opiniones. Se ha eliminado el pensamiento y con él la filosofía. Se ha eliminado, en definitiva, la democracia. Se nos ha confundido por parte del poder político y se nos ha hecho pensar en una equivalencia que no es tal, la supuesta equivalencia entre la libertad de expresión y el respeto de las opiniones. Pues no, una cosa es la isegoría, la libertad de expresión, y otra el respeto a cualquier opinión. Lo que la democracia y la filosofía que la sustentan nos dicen es que lo respetable son las personas y que las opiniones son para debatirlas. El respeto a las opiniones por ser tales es la pérdida del diálogo, el pensamiento y, con ello, abrir la puerta a la opinión del más fuerte. Es decir, a la tiranía. Es abandonar la civilización para caer en la barbarie. Barbarie tecnocrática, precisamente, que es en la que nos encontramos por el engaño del poder que nos ha hecho abandonar el pensamiento. Y por eso defendemos aquí la vinculación causal de democracia y filosofía. Sin filosofía no hay democracia y sin ésta lo que hay es barbarie: fascismo, totalitarismo, tiranía, absolutismo, fanatismo, violencia…hoy en día nos encontramos en una barbarie tecnocrática y un fascismo del mercado, una ausencia de valores y de ética y una democracia de papel.

Y otra de las características, por último, de la democracia, por la cual nos civilizamos, es la isonomía. La igualdad ante la ley. Todos somos iguales ante la ley y la ley tiene su origen en el pueblo. La ley no es arbitraria, no depende del poder del más fuerte, ni del más rico, ni del clero. La ley emana del pueblo y nadie está por encima de la ley. Esto es lo que nos enseña la democracia y ésta es la conquista filosófica, que tiene como modelo ejemplar a Sócrates, “a las leyes, o se las convence, o se las obedece” que nos saca de la barbarie. Pero hoy vemos que comienza a triunfar la barbarie. Que las leyes no son igual para todos. Que las leyes se hacen con una intencionalidad que no es la del pueblo, sino la de distintos poderes, el político y sobre todo el económico. Estamos en el filo de la barbarie. Estamos al borde del abismo que es el fascismo y la tiranía que emergen del estado de barbarie, la oscuridad de la sinrazón. De ahí la necesidad absoluta del saber filosófico, de la ética, los únicos saberes que pueden revitalizar la democracia. Y de ahí que nuestra crisis sea ética y filosófica. Más aún, es una crisis de nuestra civilización, es el fin del pensamiento y el comienzo de la barbarie.

En defensa de la filosofía

Publicado originalmente en El superpoder de la filosofía

Hoy vamos a hacer un breve interludio, hoy no habrá superhéores en el blog, pero por desgracia vamos a hablar de uno de los enemigos de la filosofía, enemigo que no vive en las hojas del papel couché, el enemigo es muy real, cual supervillano ha mostrado su existencia de forma sorprendente y repentina, el enemigo no es otro que el ministro de educación de este país(España).
La educación siempre ha sido uno de los temas pendientes de este país, se ha cambiado la ley en varias ocasiones, pero entre unos y otros la casa sigue sin barrer. Recientemente el gobierno ha lanzado su borrador sobre la ley de educación que pretende poner en marcha. En dicho borrador podemos leer el fulgurante ataque que el ministro hace a la filosofía, por un lado quita la asignatura de Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato, la asignatura pasa a ser optativa, por otro lado eliminan de un plumazo la ética de 4º de la ESO.
Estas decisiones son un error, veamos por qué. Sin conocer la historia de filosofía y sin ética, los estudiantes tendrán más difícil el poder convertirse en ciudadanos, podrán ser súbditos pero no ciudadanos, y sin ciudadanos no podrá haber democracia. Para poder ser un ciudadano se debe saber pensar. ¿De que servirían derechos como la libertad de expresión o el derecho al voto si no sabemos pensar? Si se carece de pensamiento crítico, si no se conoce la historia del pensamiento, es decir, lo que otros ya han pensado antes, entonces seremos como veletas en manos del viento. Filosofar es pensar por uno mismo, pero un pensar bien, esto es, saber construir argumentos, saber analizarlos, entenderlos y examinarlos con ojo crítico. Hoy en día la sociedad está enferma, y lo está porque precisamente estamos abandonando la filosofía, nos conformamos con esgrimir tópicos y frases hechas para “analizar” determinados hechos y situaciones, pero eso no es más que quedarse en la superficie. Raudo y veloz, más de uno alzará la voz gritando ¡todas las opiniones son respetables! Lema que parece haberse apoderado de todos nosotros, pero que en realidad no es más que un escudo tras el cual esconder al totalitario que llevamos dentro. El fin de este tópico tan manido es poner a todas las ideas en pie de igualdad para así asegurarse que lo que se dice y afirma no puede ser criticado, queremos sentirnos importantes como reyes. Incapaces de pensar algo que merezca la pena decir, reducimos todas las ideas al mismo estatus, así las ideas propias valen lo mismo que las de los cerebros más brillantes que haya tenido la humanidad. Por fin tenemos el trono que tanto ansiábamos.
Lo que hay que respetar es a las personas no a las ideas, podemos tener todo el derecho del mundo a opinar que 2+2 son 5, pero no por ello deja de ser una opinión estúpida. Las ideas están para ser debatidas, para someterlas a nuestro juicio crítico y al de los demás, pero si se nos extirpa la posibilidad de aprender a pensar, ¿cómo vamos a ser capaces de debatir? Sin duda podremos alzar la voz, podremos repetir lo que digan los medios de comunicación a los que seamos afines, pero en realidad, en última instancia, no estaremos más que repitiendo lo que otros quieren que repitamos sin reflexión y análisis previo para ver si merece la pena decir aquello que quieren que repitamos como si fuéramos papagayos.
Ahora voy a dejar que tome la palabra el filósofo André Comte-Sponville:

Filosofar es pensar por uno mismo; pero nadie puede lograrlo verdaderamente sin apoyarse en el pensamiento de otros, especialmente en el de los grandes filósofos del pasado[…]
[…]Desde el momento en que somos seres dotados de vida y razón, todos nosotros, inevitablemente, nos vemos confrontados con la tarea de articular entre sí estas dos facultades. Y ciertamente podemos razonar sin filosofar(en las ciencias, por ejemplo), vivir sin filosofar (en la ignorancia o en la pasión, por ejemplo). Pero, sin filosofar, no podemos en absoluto pensar nuestra vida y vivir nuestro pensamiento: la filosofía es precisamente esto.[…]
[…]Por eso hay que filosofar: porque hay que reflexionar sobre lo que sabemos, sobre lo que vivimos, sobre lo que queremos y porque, para ello, ningún saber nos es suficiente ni nos dispensa de hacerlo.[…]
[…]Pero la filosofía es también, y quizá fundamentalmente, crítica de las ilusiones, de los prejuicios, de las ideologías. Toda filosofía es una lucha. ¿Sus armas? La razón. ¿Sus enemigos? La ignorancia, el fanatismo, el oscurantismo. ¿Sus aliados? Las ciencias. ¿Su objeto? La totalidad, con el hombre en su seno. O el hombre, pero en el seno de la totalidad. ¿Su meta? La sabiduría: la felicidad, pero en el seno de la verdad[…]

Querido ministro Wert, ve cómo el conocer lo que han dicho otros es de suma utilidad. Despojar a los estudiantes de la filosofía es abrir las puertas a la ignorancia, a la superstición, y al fanatismo. A este respecto merece la pena resaltar la curiosa relación que se estable entre religión y ética. No es la primera vez que se decide impartir religión y a los alumnos que no quieran se les ofrece ética. Como si fueran lo mismo, como si enseñar una dispensara de enseñar la otra. No, querido ministro, está usted equivocado, la religión demanda credulidad y la ética, que forma parte de la filosofía, demanda un pensar crítico, razonado y racional, es decir, exactamente lo contrario a la credulidad y la aceptación de lo que dicen otros, por el mero hecho de que son autoridades, o porqué son muchos los que lo dicen. Además, las clases de religión, no son tales, hablar de “clase de religión” es encubrir lo que en realidad serán esas clases, catequesis, pues en este país cuando se dice que hay clase de religión no es que se vayan a enseñar todas las religiones junto con las distintas posturas religiosas, incluyendo entre estas, el ateísmo y el agnosticismo, no, lo que se busca es hacer proselitismo del catolicismo. Así pues, ofrecer una u otra como si fueran equivalentes, no es más que la prueba palpable de que no se sabe de lo que se está hablando.
Para que el proselitismo sea eficaz es indispensable que aquellos que son objeto del mismo, estén lo más indefensos posible, es decir, que no sepan pensar por si mismos, que no conozcan las críticas y argumentos que ya se han vertido a lo largo de la historia por distintos pensadores, ¿y dónde se aprende eso? Exacto, en las clases de “Historia de la filosofía”, en ellas se podrá conocer los argumentos de Santo Tomás de Aquino, pero también los de David Hume, Diderot o Nietzsche. Si se conocen todos los argumentos y se tienen las herramientas para juzgarlos, entonces, se puede tener una opinión fundamentada en razones, se podrá tomar partido por una opción o por otra porque los argumentos y las pruebas así lo demandan, en otras ocasiones es posible que la cuestión no pueda quedar zanjada, en ese caso, aprenderemos a seguir dudando, a estar atentos a los nuevos argumentos que surjan y que puedan cerrar la cuestión, esto es lo que hace que la filosofía sea una vacuna contra el fanatismo, negar el acceso a esa vacuna a los estudiantes es cuando menos injusto y puede llegar a ser peligroso.
Espero haber mostrado que estas modificaciones que se incluyen en el borrador de la nueva ley son un error. Y querido ministro, no, no soy profesor de filosofía, y tampoco gano dinero con ella de ninguna manera, simplemente creo que Diderot estaba en lo cierto cuando dijo aquello de: ¡Apresurémonos a popularizar la filosofía! De ahí la existencia de este blog.

Alejarnos de la filosofía es acercarnos al oscurantismo, nuestra sociedades actuales le deben mucho a la Ilustración, al siglo de las luces, ¿y quien fue la madre de dichas luces sino la filosofía? Estamos a tiempo de alzar la voz y hacernos oír, nos estamos jugando mucho; nuestra educación, nuestro conocimiento, y en consecuencia, nuestra libertad.

De la utilidad de la historia de la filosofía

Entrada publicada originalmente en Antes de las cenizas por Juan José Bayarri  

No encuentro ningún razonamiento que demuestre que un conocimiento básico de la historia de la filosofía es indispensable para un bachiller. Esta historia, al fin y al cabo, no es más que la historia de un ideal: averiguar la razón y la sinrazón, el porqué más profundo de las cosas. Ella no enseña nada más que el resultado del histórico esfuerzo humano por comprender la realidad; solamente muestra de qué manera el hombre ha ido aumentando su conciencia inmediata, mediante la reflexión y el razonamiento, por mor de una conciencia universal; no enseña otra cosa que lo que algunos llaman, con lenguaje pomposo, la génesis y evolución del espíritu universal, espíritu mediador entre los hombres por buscar la verdad y la justicia, y que en la actualidad sigue desempeñando su fundamental papel en la formación del espíritu europeo. Pero ninguna otra asignatura del bachillerato muestra la oscuridad y el misterio que envuelven las cosas más cercanas. Y en este sentido nos aleja de fundamentalismos y dogmatismos, volviéndonos más comprensivos con lo que no comprendemos.

Juan José Bayarri

Por qué la Filosofía. Por qué la Historia de la Filosofía. A vueltas con nuestro sistema educativo.

Publicado originalmente en El rincón de Sofista por Sofista – Esther A P Ruinervo

“Y usted está comenzando a filosofar. Es decir, comenzará usted a bracear con toda suerte de razones y problemas. Permítame que en los umbrales de esa vida que promete ser tan fértil, traiga a su memoria aquel pasaje de Platón en que prescribe formalmente la gumnasia[1] del entendimiento: “Es hermoso y divino el ímpetu ardiente que te lanza a las razones de las cosas; pero ejercítate y adiéstrate en estos ejercicios que en apariencia no sirven para nada, y que el vulgo llama palabrería sutil, mientras eres aún joven; de lo contrario, la verdad se te escapará de entre las manos” (Parménides, 135d). No es tarea fácil ni grata”.

El 3 de diciembre de 1940 se fechan estas palabras que Xavier Zubiri le dedica a Julián Marías con ocasión de la publicación de su Historia de la Filosofía.

Con palabras de Parménides Zubiri le recuerda a Marías que la dedicación a la filosofía debe ser realizada desde el ímpetu de la juventud, cuando más abiertos y preparados estamos para recibir las ideas y conducirnos en ellas para desarrollar las propias.

Y esto es lo que el sistema educativo está impidiendo, y va a seguir impidiendo, a los estudiantes españoles, privándoles de una enseñanza ética seria y una historia de la filosofía necesaria para entender, en muchos casos, por qué Europa es como es y por qué el ser humano, y las sociedades en general, han llegado al punto en el que se encuentran.

Privar del conocimiento, de cualquier tipo de conocimiento a alguien, debería constituir un delito en cualquier sociedad que se diga abierta, plural, moderna y democrática. Tenemos el deber de brindar esa posibilidad de conocimiento, y el abanico más amplio de éste está en una buena y profunda historia de la filosofía.

Decía Ortega allá por 1914, 98 años hace ya, que él era un profesor de Filosofía in partibus infidelium ya que la materia no estaba a la altura de su tiempo y España estaba alejada de una ocupación filosófica real -¿a qué me suena a mí esto?-. De hecho casi todos sus primeros escritos son una queja acerca de esta misma idea. No fue el único. Antes que Ortega Unamuno intentaba volver la filosofía hacia España, crear un ámbito en el que el problematismo filosófico fuese posible, inquietar a los españoles y llevarlos hacia las cuestiones últimas -ya fuese filosóficamente o no-.

No somos un país de pensadores. Reconozcámoslo. Casi todo lo que hemos ganado lo hemos acabado perdiendo, sólo hay que saber un poco de historia de España para darnos cuenta de ello. No somos una nación de ideas y reflexión. No somos ciudadanos que amemos el saber. No sabemos de ese amor y tampoco nos dejan descubrirlo -ni nos dejarán-.

Llevamos años asistiendo a las discusiones sobre la conveniencia de alguna asignatura alternativa a la religión que nos lleve a una enseñanza lógica, racional y positiva de la ética y los valores, que nos enseñe a ser buenos ciudadanos y nos lleve a comprender la construcción de nuestras sociedades, sus alternativas y el por qué de la existencia de la pluralidad de las mismas. ¿Realmente ningún sabio hacedor de sistemas educativos ha caído en la cuenta de que ya hay una asignatura perfecta para ello? Una asignatura transversal como pocas, útil como pocas, y válida para exponer las ideas -alejadas de ideologías sutiles- sobre ciudadanía, ética, política, valores, sociedad, familia, personas, géneros, cultura, pensamiento religioso, pensamiento laico, y absolutamente cualquier cosa que se nos pase por la cabeza.

¿Han adivinado ya o necesitan una pista?

La Filosofía.

Una materia, una ciencia, una asignatura -da igual como la llamen- que nos ha guiado desde aquellos primeros griegos hasta hoy. El propio Erwin Schröndinger, premio nobel de Física en 1933, en su obra La naturaleza y los griegos nos recuerda la necesidad de romper con el temor a la filosofía y recoger el testigo de esos primeros pensadores de los que heredamos la mayoría de las concepciones que utilizamos en cualquier campo. En esta obra, y citando a Gomperz, nos recuerda:

“Es de mayor importancia recordar un tipo de aplicación o utilización indirecta que debe considerarse de enorme valor. Prácticamente toda nuestra educación intelectual tiene su origen en los griegos. Un conocimiento escrupuloso de estos orígenes es pues requisito indispensable (…). Ignorar el pasado es aquí no sólo indeseable sino simplemente imposible. (…). Su influencia no sólo se ha dejado sentir sobre quienes aprendieron de ellos en la Antigüedad y en lo tiempos modernos; todo nuestro pensamiento, las categorías lógicas en las que este se mueve, los esquemas lingüísticos que utiliza (y que por consiguiente lo dominan), es en cierto grado una elaboración y, en lo fundamental, el producto de los grandes pensadores de la Antigüedad.”[2]

En este caso concreto estamos viendo la vinculación de la ciencia a nuestros primeros filósofos. Pero ¿y tras esta antigüedad que hay? ¿Con qué aportaciones nos encontramos?

Quizá les suenen estos nombres, -¿o no?-, René Descartes, Immanuel Kant, Karl Marx, David Hume, John Locke, Thomas Hobbes, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Avicena, Guillermo de Ockham, Rogerio Bacon, Francis Bacon, Erasmo de Rotterdam, Nicolás de Cusa, Giordano Bruno, Galileo Galilei, Johannes Kepler, Pascal, Spinoza, Leibniz, George Berkeley, Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Vico, Fichte, Hegel, Schopenhauer, Nietzsche, Comte, Stuart Mill, Kierkegaard, Brentano, Heidegger, Dilthey, Bergson, James, Husserl, Scheler, Sartre, Wittgenstein, Simone de Beauvoir, Simone Weill, Hannah Arendt, Gianni Vattimo, Albert Camus, Umberto Eco, John Rawls, Isaiah Berlin, Hildergarda de Bigen, Olympe de Gouges, Emma Goldman, Rosa Luxemburgo, Ayn Rand, Martha Nussbaum, Iris Murdoch, Jostein Gaarder, Bertrand Russell, Ferdinand de Saussure, Theodor Adorno, Bochenski, Jürgen Habermas, Jean Piaget, Karl Popper, Michel Onfray, Rudolf Carnap, Noam Chomsky, John Dewey, Leo Strauss, Emmanuel Levinás, Edgar Morin …

Sin olvidarnos de los nacidos en nuestra península: Avicebrón, Averroes, Maimónides, Séneca, Ortega y Gasset, Julián Marías, Miguel de Unamuno, Xavier Zubiri, Isidoro de Sevilla, Gustavo Salmerón, Luis Vives, Francisco Suarez, Eduardo Nicol, Salvador Paniker, Raimon Panikkar, Juan David García Bacca, Mara Zambrano, Leonardo Polo, Francisco Ayala, Jesús Arellano, Gumersindo de Azcarate, Francisco Giner de los Ríos, Angel González, Gustavo Bueno, José Antonio Marina, Fernando Savater, Victoria Camps, Adela Cortina, Ignacio Ellacurria, José Ferrater Mora, Alejandro Llano, José Luis López Aranguren, Agapito Maestre, Javier Sádaba, Jorge Santayana, Eugenio Trias, Victor Gómez Pin,… entre cientos de nombres más.

Tenemos una amplísima e importantísima cultura filosófica en el mundo que dejamos pasar por desgana o ignorancia. Sin embargo ahí está, esperando a que sepamos verla.

¿Dónde está?, se preguntarán algunos. La Filosofía está en todas partes. Ahora lo veremos.

En el humor:
http://www.elmundotoday.com/2012/03/una-senora-de-puertollano-cuestiona-la-realidad-cognoscible/
http://www.elmundotoday.com/2009/12/roba-en-la-facultad-de-filosofia-haciendose-pasar-por-aristoteles/
http://www.elmundotoday.com/2012/11/publican-una-version-de-la-critica-de-la-razon-pura-con-iconos-de-whatsapp/
– Monty Python. Encuentro filosófico. http://www.youtube.com/watch?v=i8ov2oNbkvo
– La hora de José Mota. Grandes conversaciones filosóficas de la historia http://www.youtube.com/watch?v=kus-TJuYeAI

En la música
– La relación entre Wagner y Nietzsche.
– Filosofía de la música. http://www.youtube.com/watch?v=j8lBssdI6bI
http://musicayfilosofia.blogspot.com.es/
http://www.hagaselamusica.com/ficha-periodos-musica/musica-antigua/musica-y-filosofia/

En el cine:
– Matrix, de los hermanos Wachowski. Desde Platón a Lutero y llegando a la modernidad, en esta trilogía hay filosofía para dar y regalar.
– El show de Truman, de Peter Weir. Mito de la caverna con toques cartesianos.
– Origen, de Christopher Nolan. Cartesianismo en estado puro.
– Más allá del bien y del mal, de Liliana Cavani. Una visión muy particular sobre la figura de Nietzsche.
– V de Vendetta, de James McTeigue. La ética desde el comic.
– La clase, de Laurent Cantet.
– La ola, de Dennis Gansel. ¿Pueden las ideas hacer cambiar a las personas?
– El día que Nietzsche lloró, de Pinchas Perry. Otra visión particular sobre Nietzsche.
– Melancholia, de Lars Von Trier. El mito de la caverna vuelto del revés.
– El club de la lucha, de David Fincher. Crítica al capitalismo y la falta de libertad de la sociedad consumista.
– Memento, de Christopher Nolan. Identidad y memoria: Locke, Hume…
– La naranja mecánica, de Stanley Kubrick. Conductismo, condicionamiento, moral,…
– Los crímenes de Oxford, de Alex de la Iglesia. Wittgenstein, Popper, y pitagorismo.
Incluso en Titanic, de James Cameron, cuando el barco choca contra el iceberg el ingeniero le dice a Rose “es una certeza matemática que este barco se hundirá”, consciente o no por parte de los guionistas eso es muy de Descartes
Y también en el de superhéroes:
– Spiderman de Sam Raimi (“La inteligencia no es un privilegio, es un don, y debe usarse por el bien de la humanidad” le dice el Dr Otto Ottavius en la segunda película. ¿Y qué me decís de la frase de su tío Ben en la primera película?: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”).
– Batman de Christopher Nolan. O de cómo el caballero oscuro pasa del nietzscheanismo a un kantismo débil.
También lo podéis leer en el libro Los superhéroes y la filosofía.

En las series de televisión:
– Expediente X (Referencias a mundos inteligibles, crítica política, búsqueda de la verdad,…)
– Smallville (¿Habéis visto un Clark Kent más kantiano que el de Smallville?)
– Fringe (No es física y ciencia ficción todo lo que reluce).
– Mentes Criminales (Citas constantes de Nietzsche, Kant, Fichte, Jaspers, Huxley, Platón,…)
– Arrow (Referencias a Nietzsche, Hobbes, Locke, Rousseau…)
– Perdidos (existencias de diferentes mundos, sueño, realidad,…)
– Los Simpson (ver la obra Los Simpson y la filosofía)
– Big Bang Theory (paradojas, argumentaciones, teorías y enfrentamientos dialécticos en torno a la física, al universo, a las creencias, etc.)

En las matemáticas:
– ¿Cómo sabemos que nuestras teorías matemáticas son verdaderas? ¿Sobre qué son las matemáticas? En otras palabras, si un enunciado matemático es verdadero, ¿qué lo hace verdadero? ¿En virtud de qué es verdadero? ¿Las verdades matemáticas son verdaderas por necesidad? Y, si lo son, ¿cuál es la fuente de esta necesidad? ¿Cómo es posible aplicar las verdades matemáticas a la realidad externa?
– Pitágoras, Euclides y Platón
– Descartes y sus certezas matemáticas
– Leibniz, Fregue y Russell.

En la religión:
– Son largas y antiquísimas las discusiones entre la fe y la razón. Desde que los primeros griegos pensaron que todo podía explicarse racionalmente sin necesidad de dioses hasta la llegada de Pablo de Tarso a Atenas para hablar del Dios sin rostro que habría de cambiar la historia. Sin olvidar los sucesivos cismas y las actuales discusiones: creacionismo, evolucionismo, new age, cristianismo, judaísmo, islamismo, religiones naturales, etc

En el arte:
– La muerte de Sócrates de J L David

La escuela de Atenas de Rafael Sanzio

Heráclito y Demócrito de Rubens

El pensador de Rodin

En la física:
– Presocráticos, Aristóteles, cosmología, revolución científica, Descartes, Leibniz, Newton, Heisenberg, Einstein, Schrödinger, etc.
Hasta Stephen Hawking en su Breve historia del tiempo, e intentando criticarla, tiene que echar mano de la Filosofía para trazar el camino que ha seguido para dar con lo que expone.

En la literatura:
– Fiodor Dostoievski
– Leon Tolstoi
– Nikos Kazantzakis
– Antonio Machado
– Pio Baroja
– Ramón del Valle-Inclán
– Franz Kafka
– Hermann Hesse
– James Joyce
– Haruki Murakami
– Virginia Woolf
– Lewis Carroll

En la cultura clásica:
– En Grecia: Tales, Anaxímenes, Anaximandro, Demócrito, Pitágoras, Empédocles, Heráclito, Parménides, Leucipo, Sócrates, Platón, Sofistas, Aristóteles, Epicuro, Diógenes,…
– En Roma: Séneca, Marco Aurelio, Publilio Siro, Tito Lucrecio Caro, Maco Tulio Cicerón, Cornelio Celso,…

En la economía:
– Karl Marx, Adam Smith, David Ricardo, Keynes, Thomas Malthus, etc.

En la política y la ciudadanía:
– Hobbes, Locke, Rousseau, etc.

Y seguid pensando materias que podemos seguir haciendo relaciones con el campo filosófico. ¿Qué más quieren?

La Filosofía es una constante en nuestra existencia, aunque no sepamos o no queramos verla; por lo tanto, consciente o inconscientemente, hacemos día a día historia de la filosofía.

Ortega, como Sócrates, sabía que dentro de cada uno de nosotros hay un filósofo en potencia “por eso conviene no defraudar la sublime necesidad de que nosotros tiene (la idea) e hincándonos bien en el lugar que nos hallamos, con una profunda fidelidad a nuestro organismo, a lo que vitalmente somos, abrir bien los ojos sobre el contorno y aceptar la faena que nos propone el destino: el tema de nuestro tiempo[3]” porque un “filósofo es un hombre que constantemente vive, ve, oye, sospecha, espera, sueña cosas extraordinarias; alguien al que sus propios pensamientos le golpean como desde fuera, como desde arriba y desde abajo, constituyendo su especie particular de acontecimientos y rayos; acaso él mismo sea una tormenta que camina grávida… de nuevos rayos; un hombre fatal, rodeado siempre de truenos y gruñidos y aullidos y acontecimientos inquietantes. Un filósofo: ay, un ser que con frecuencia huye de sí mismo, que con frecuencia tiene miedo de sí, pero que es demasiado curioso para no volver a sí una y otra vez…” dice Nietzsche[4].

Por todo ello es necesaria la Filosofía en general y la Historia de la Filosofía en particular.

[1] Gimnasia – original del griego γυμνασία, ας, η

[2] Schrödinger, Erwin; La naturaleza y los griegos. Tusquets. Páginas 35 y 36.

[3] Ortega. El tema de nuestro tiempo. Capítulo X: la doctrina del punto de vista.

[4] Más allá del bien y del mal

El valor de la filosofía. O lo que no mide el informe P.I.S.A.

Publicada originalmente en Filosofía para cavernícolas por  Victor Bermúdez Torres

Algunos alumnos me confiesan, durante el curso o, más a menudo, después de él (a veces, al cabo de los años), que la asignatura de filosofía les despertó, en el bachillerato, a cuestiones antes impensables para ellos. Algunos me han llegado a decir (sin duda, exageradamente) que antes de dar clases de filosofía apenas habían “pensado de verdad” en nada. A muchos los he visto cambiar de creencias, sufrir crisis religiosas, tener discusiones inéditas con sus padres y amigos, en parte debidas (según ellos) a la filosofía. La inmensa mayoría de mis alumnos dicen salir de clase desorientados, pero también expectantes de que, en la próxima sesión, logremos profundizar y dar respuestas a las preguntas nuevas y radicales que han brotado en el aula. Digo “radicales” porque afectan a la raíz de la existencia de cada individuo. Pensar casi por primera vez en lo que es el mundo y uno mismo, en el sentido de la vida, en la razón de las propias creencias, en lo que de verdad es verdad y mentira, en el bien y el mal, en lo justo y lo injusto, sin prejuicios, más allá de los tópicos al uso… Todo eso representa una experiencia insustituible e inolvidable para muchos de mis alumnos. Incluso los que aún no llegan a apreciar estos asuntos (no todo el mundo madura a la misma velocidad), se quedan “tocados”, intuyen que algo muy importante se está cociendo en las clases, y aunque no lo entiendan, entienden que ahí hay mucho por entender. Y que en ese entenderlo está en juego su misma persona, su forma de estar en el mundo…

¡Pensar! En clase de filosofía (en los trabajos, en los ejercicios, en los exámenes de filosofía) hay que pensar. Gran parte de los alumnos que me llegan a primero e incluso a segundo de bachillerato (y doy a muchos, pues mi centro es de los más grandes) son supervivientes de la burocracia educativa. Apenas han tenido que pensar en nada. Al principio se incomodan por el cambio de costumbres. Están acostumbrados a memorizar contenidos y a resolver más o menos mecánicamente problemas de tipo académico. Pero no saben cómo “aprobar” filosofía. Vienen con un déficit de madurez (y no de habilidad) intelectual natural, pues muy pocas veces se les ha estimulado a pensar por sí mismos. La mayoría comienzan a hacerlo en filosofía por la sencilla razón de que en ella se tratan asuntos íntimamente ligados con su vida: el sentido de su existencia, la vida y la muerte, el valor de sus creencias, la forma de vivir, la relación con los demás y con la sociedad, la libertad, el poder, la injusticia, el compromiso político, etc., etc.

Pero no solo es pensar. Del otro lado de la misma moneda está el diálogo: pensar con los demás. Los primeros diálogos en clase son, a veces, incontrolables. La primera noción que tienen muchos chicos de lo que es “debatir con los demás” proviene de lo que ven en algunos programas de televisión: gritar, interrumpirse, atacarse, afirmarse por encima de todo. Cuando al cabo de las semanas logramos construir un debate serio, profundo, respetuoso y fructífero se quedan sorprendidos: disfrutan de que los demás los oigan con respeto, se dejan llevar por los argumentos olvidándose de sí mismos, intuyen que es más enriquecedor y fructífero resolver los problemas verbalizándolos, hablando sobre ellos, convenciendo y dejándose convencer… Tras esa experiencia noto que continúan charlando entre sí tras la clase. A veces me cuentan que han seguido en casa, con sus padres, o que gracias a la discusión ha sido un poco menos aburrida la tarde con los colegas de la pandilla.

Se me ocurren mil cosas más para justificar las clases de filosofía. Al fin y al cabo somos seres racionales, vivimos (y, a veces, morimos) por ideas, y desarrollar esa condición y conocer las más grandes ideas que han parido o descubierto los filósofos bastaría para justificar con creces la relevancia de la asignatura. Platón, Aristóteles, Kant, Hegel, Marx o Nietzsche (entre otros) son los pilares de todo el pensamiento europeo (incluyendo en él a la teología cristiana o la ciencia). Hasta el positivismo antifilosófico actual no es más que una filosofía… Pero bastaría con lo dicho: desarrollar el hábito de pensar y de dialogar en los adolescentes; lograr que adquieran herramientas para gestionar su incipiente sentido de la identidad y de su posición frente al mundo y a los demás… ¿Hay algo con más valor instrumental y, a la par, algo más sustantivo para formar personas y ciudadanos?…

Y sin embargo, así andamos, como otras veces, defendiendo lo obvio. El consuelo es que eso, argumentar y convencer de lo que, por tan evidente no se ve a veces, es tarea tradicional de la filosofía. Y también, me temo, el ir a contracorriente…