El olor a pedo de perro o la enseñanza de la Filosofía

Publicado originalmente en Nuevas Andanzas de Profesor en la Secundaria

He escrito sobre la pérdida de posiciones de la enseñanza de la Filosofía en el borrador de la LOMCE del evangélico ministro WERT. He deplorado su menoscabo académico y me he solidarizado con los defensores de su presencia efectiva en la educación en campañas como Change.org donde he firmado para su no detrimento académico.

Dicho esto, y haciendo honor al hecho de pensar, me he preguntado si no será, por el contrario, una oportunidad única este abandono de la Filosofía en los planes educativos que la subsumen en una materia casi anómala, abocándola a la desaparición casi efectiva. ¿Hay algún mensaje críptico en este laminamiento académico?

Preguntémonos realmente hasta qué punto es necesaria la Filosofía en nuestras vidas, hasta qué punto el pensamiento sistemático y sofisticado es imprescindible en nuestro tiempo. Tengo la impresión, por contra,  de que hemos sustituido, ese pensamiento sólido y analítico, por una colección de clichés terapéuticos y pragmáticos que sustituyen a la verdadera reflexión filosófica. En efecto, nuestro tiempo es pródigo en escritura que reivindica con entusiasmo el pensamiento débil que tiene su cenit en esa maravillosa aportación de los años ochenta del siglo pasado que es el pensamiento positivo que nutre gozosamente la pedagogía, las reuniones sociales, las meditaciones virtuosas de las masas que exhiben y muestran orgullosas su creencia en que hay que vivir el minuto presente, que vivimos el mejor de los tiempos posibles, si no fuera, ay, por nuestros políticos y por la corrupción que invade el sistema… La Filosofía no es realmente necesaria teniendo estos asideros conceptuales que reviven la necesidad orientalista de vivir el instante presente en su banalidad y su inconcreción, sin fuerza, como un pedo lleno de aroma con olor a pino comprado en Mercadona.

No, la filosofía no es necesaria. Si lo fuera, las asociaciones cívicas y de vecinos programarían cursos de Filosofía en lugar de manejo de ordenadores y de danza del vientre o de macramé, y nuestros alumnos reclamarían enérgicamente en las aulas el derecho a pensar y la profundización en los sistemas que llevaran a la superación de la banalización del presente. La Filosofía ha de sufrir la travesía del desierto, igual que lo vive la Literatura que se sume en obras excepcionales como Cincuenta sombras de Grey, o Crepúsculo o Las crónicas vampíricas… Las librerías son instituciones en trance de extinción, igual que las editoriales, igual que el cine que no responde a la industria del momento. Hasta nos hemos inventado los progresistas la idea de que robar ideas ajenas en forma de piratería tecnológica es buena y necesaria. El pensamiento hoy día es adocenado, repleto de buenas intenciones, repleto de lugares comunes. Nada hay tan temible como una comunidad humana inmensa en facebook que tiene centenares de millones de afiliados a la sectaponiéndose a pensar. El resultado es el Gran tópico, el gran tópico que alimenta nuestros días y que he expuesto anteriormente. No, no son necesarios Platón, ni Descartes, niKant, ni Hegel, ni Marx, ni Nietzsche, ni Popper, niWittgenstein… Hubo un momento estelar en los años ochenta del siglo pasado cuando descubrimos en las academias de pensamiento americanas el llamado pensamiento positivo que se reveló fundamental aliado del llamado pensamiento débilformulado entre otros por Gianni Vattimo que ha nutrido de modo no sangrante y postmoderno las aportaciones filosóficas de los últimos veinte o veinticinco años. La Filosofía desaparecerá, pero nosotros tenemos a Paulo Coelho, y Luis Rojas Marcos o en España a Eduard Punset para sustituir por visiones pragmáticas de la realidad la insuficiencia del presente o del pensamiento, o la incertidumbre humana, o el valor del sufrimiento.

La Filosofía desaparecerá y los seres humanos seguirán engreídos escribiendo genialidades en su FB o en su Twitterrevelando la consistencia del pensamiento actual que no necesita de gurús individuales que ya han aportado todo lo que tenían que aportar. No vivimos ya un tiempo de individualidades sino de masas lo que prefiguró Ortega y Gasset. El pensamiento individual no es necesario, solo hay que nutrirse de la amplia corriente subterránea que nutre la mayor aportación de la tecnología de la comunicación que es internet y que expresa el sentir y sentimiento de la especie humana que no es especialmente original, pero huele bien, y no a pedo de perro con los intestinos enfermos, que es tal vez el único olor que nos tendría que ser recomendable.

Pero muerto Dios ¿para qué diablos es necesaria la Filosofía o laLiteratura? Ambas disciplinas se abrieron paso en su lucha contra la Teología. Muerta esta, muerto Dios, ambas se han quedado en posesión de las masas que tienen a Coelho, aMariano Fernández Enguita, a Messi y a Mercadona como ídolos culturales máximos, y además ya sabemos que hay que lavarse las manos después de defecar. El verdadero pensamiento es esencialmente pesimista pero esto es inaceptable por las masas que han de encontrar en su vida algún sentido pragmático. Si no, tendríamos que salir y pedir academias deFilosofía en los barrios y ponernos a pensar seriamente en cómo podemos salir de este solipsismo positivista con olor a pedo de perro aromatizado que nos invade y creemos, hemos terminado creyendo, que hemos alcanzado el máximo de nuestros objetivos: el pensar que nuestra vida tal como es tiene sentido encerrados en la caverna. Y ya sabemos qué pasa con los mensajeros que vienen a contarnos lo que pasa en el exterior.

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2 pensamientos en “El olor a pedo de perro o la enseñanza de la Filosofía

  1. Me parece inapropiado e irrespetuoso este comentario. Es más,,un espíritu filosófico no adhiere a fanatismos, busca, revisa, examina y se recicla. La falta de tolerancia de tales afirmaciones desestima lo que es de suyo propio a la filosofía: el conocimiento. Tristemente, hablar de este modo es una manifestación de un pensamiento dogmático, culposo, y quien así se comporta, se aleja de los principios fundamentales de esta disciplina: tolerancia, respeto y apertura. Parece más la opinión de alguien que alcanzó la VERDAD, entonces, la filosofía deja de ser un camino para la búsqueda. Los problemas son siempre los mismos, las respuestas son históricas, y negar esto, es asistir a la caída estrepitosa del pensamiento reflexivo.
    Lamentable.

    • No había leído la respuesta a mi intervención en esta cadena. Lamento la impresión que causa a Vivian Caiazzo pero no entiendo su interpretación. Dice que es un texto inapropiado e irrespetuoso, adherido a fanatismos, al dogmatismo culposo … No puedo entenderlo, tal vez porque mi texto -sarcástico, no sé si irónico- no tenía ninguna de esas características. ¿A quién he faltado al respeto? ¿Por qué fanático? ¿En qué sentido dogmático? ¿De qué manera se considera poseedor de la VERDAD? No puedo entenderlo. Entiendo eso sí que mi estilo desenfadado y algo cínico, negando lo contrario de lo que en realidad se piensa, puede desconcertar, pero no a una lectura avisada y no superficial. Tengo la impresión de que efectivamente no me he sabido expresar, o lo que yo creía que quedaba claro, no lo estaba, al menos para la lectura de mi amable comentarista que hace de mí un fanático (?), un dogmático (?), un supuesto poseedor de la VERDAD. Nada más lejos de mi intención. Lamento haber dado esa impresión a Vivian Caiazzo. Nada de lo que me atribuye constituye mi modo de ser o pensar. Muy torpe he debido ser. Pido disculpas.

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